El sexo de la ultraderecha

En el Estado español hemos retrocedido en igualdad a épocas oscuras y casposas en apenas un año. Las diferencias entre mujeres y hombres se han agudizado endureciendo los estereotipos de género que ampara el patriarcado. Estos roles atribuyen a las mujeres las funciones reproductivas y a los hombres las productivas. Es decir, ellas han nacido para ser madres y atender las labores del hogar y los cuidados mientras los padres traen el dinero a casa y tienen el poder, de ahí que sean los encargados de proteger a la familia (tradicional), toman las decisiones y, por tanto, son libres. Esta distinción androcentrista de roles, en la que el hombre es el centro y la medida de todas las cosas, no está basada en el sexo, en los genitales con los que nacen hombres y mujeres, sino que se trata de una diferenciación de género que ha sido construida o inventada por los seres humanos. Por eso, cuando una mujer actúa según el estereotipo de género femenino y cuando un hombre actúa conforme al estereotipo de género masculino, ambos están teniendo un comportamiento machista.

El machismo mata

Y el machismo mata, como las trágicas estadísticas constatan: 877 mujeres han sido asesinadas desde 1999, año en que empezaron a recogerse estos datos. Las cifras ocultan un gran número de mujeres que siguen vivas pero aterrorizadas. Mientras leen estas líneas, hay una mujer que está sufriendo algún tipo de agresión por el mero hecho de ser mujer, porque la sociedad le ha atribuido un papel de sumisión, mientras que su agresor no siente que está ejerciendo violencia alguna sobre ella sino que le parece algo “normal” porque su rol social le proporciona argumentos que justifican el maltrato. Él no entiende que se está propasando porque sus límites son mucho más pequeños que los de ella y no cree haberlos cruzado. Así se lo hace ver la sociedad patriarcal en la que vivimos y en la que los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad al mostrar al hombre como el protagonista de la película y a las mujeres como personajes secundarios, esos que no cuentan salvo para servir de apoyo a la (androcéntrica) historia.

El machismo mata y no sólo se da en las relaciones de pareja. Se produce en la calle, en el autobús, en Internet, en las relaciones de trabajo y en la imagen que los medios de comunicación ofrecen de hombres y mujeres al contar las noticias, en los programas de entretenimiento para personas adultas y para menores, así como en muchos reportajes y series de televisión. No podemos permitir que los medios de comunicación sostengan los estereotipos machistas. No podemos permitir que las noticias oculten la violencia de género bajo la cara de un crimen pasional, como ocurrió con el asesinato de una menor en El Salobral, porque quien tortura, malogra, viola, abofetea, veja, insulta y/o mata a una mujer, no la ama por mucho que después se suicide.

Tratamiento en los medios de comunicación

Tenemos que luchar contra la imperiosa tendencia de la mayoría de los medios de comunicación, incluida la radio-televisión pública, a trasladar un modelo social basado en una idea de una familia tradicional que provoca muertes y que no se corresponde con la realidad y que, desde una perspectiva profesional, es un acto de manipulación perverso. Debemos rechazar el tratamiento de noticias de cualquier sección que refuerce la idea patriarcal de masculinidad y feminidad porque el periodismo debe ser veraz y no tergiversar la realidad, y porque va en contra de toda ética periodística. Esta falsa realidad, además, produce violencia machista porque da poder a quienes “llevan los pantalones” de agredir a sus parejas, y esto ocurre tanto entre heterosexuales como en homosexuales, puesto que la violencia de género no tiene nada que ver con los órganos sexuales de las personas sino con el rol masculino o femenino que cada miembro de la pareja asume.

El programa “El sexo de los dinosaurios” emitido en La 2 de TVE el sábado 23 de noviembre es un lamentable ejemplo de cómo no se debe ejercer el periodismo y, lo que es peor, es una terrible muestra de cómo fomentar la desigualdad entre hombres y mujeres que lleva a justificar la violencia de género y a presentar a asesinos y maltratadores que están en la cárcel como víctimas, obviando que el machismo mata. Tenemos que combatir esta corriente ultraderechista que además vulnera el derecho a la información y quiere acallar a periodistas en el ejercicio de su libertad de expresión, como revelan las denuncias de varios profesionales de RTVE a quienes están imponiendo una línea editorial contraria a los principios del Estatuto de Información y al Manual de Estilo de la cadena pública.

“El silencio te hace cómplice” es una máxima de la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Somos periodistas, ¿nos vamos a callar?

Teresa García Espejo.

Responsable del Área de Igualdad del Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM).

 

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