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DSK: sexo, poder y violencia de género

Este titular tan acertado corresponde a un estupendo artículo publicado en EL PAIS, sobre el machismo en la política llevado a su máxima expresión: la violencia de género.  Leedlo al completo, no tiene desperdicio.

El País: 20 de mayo de 2011. Dominique Strauss-Kahn es inocente. Y lo es, porque en un Estado de derecho lo avala la presunción de inocencia. Este principio basilar del derecho penal exige un proceso con todas las debidas garantías antes de poder afirmar que DSK es un delincuente, pues esto es, a fin de cuentas, lo que se está dirimiendo.

Más allá de la falta de certezas, lo que es comprensible es que el desplome súbito de un icono como DSK, que en su sola persona reunía todos los rasgos estadísticamente representativos del poder (a la vez político, económico, global ¡y masculino!) haya sacudido al mundo entero. Y es por ello entendible que el mundo entero esté calibrando qué consecuencias pueda tener sobre el futuro del FMI, la crisis financiera, el euro o las elecciones presidenciales y el Partido Socialista en Francia.

Sorprende, sin embargo, (o tal vez no) que la gran ausente, hasta el momento, sea la reflexión acerca de qué implicaciones pueda tener el asunto no solo para la vida de la mujer presuntamente abusada (de la que solo alguna fuente en Estados Unidos ha informado de que no ha podido regresar ni a su casa ni al trabajo, teme perder el empleo y quedarse sin fuente de subsistencia en su condición de madre y viuda), sino para la mitad de la población mundial, que conforma el sexo femenino y sobre quien estadísticamente recae este tipo de violencia. Y sorprende porque hay buenas razones para pensar que el asunto DSK debiera abordarse más bien como el fenómeno DSK, realzando lo que de sistémico tiene, y permitiéndonos atar cabos. Porque haberlos, haylos.

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El machismo ataca en los medios

No sé si Dominique Strauss-Kahn es culpable del delito que se le acusa, del intento de violación de una camarera en un hotel de Nueva York, y será la justicia quien dictamine al respecto. Mientras tanto, debemos respetar la presunción de inocencia. Me indignan, sin embargo, algunos artículos de opinión publicados sobre esta noticia en dos grandes periódicos españoles porque ambos acusan a la camarera de mentir, es decir, parece ser que ella sí puede ser juzgada sin haber empezado la investigación ¿por qué? ¿por ser mujer? ¿por ser camarera? ¿por ambas circunstancias? Por el contrario, Strauss-Kahn se presenta como la víctima ¿por qué? ¿por ser el director gerente del FMI? ¿por ser el cliente rico de un hotel y no un empleado?

Salvador Sostres en Algunas camareras (El Mundo: 16 de mayo de 2011) no necesita conocer ningún dato de la investigación, él sabe que se trata de una “típica camarera” de hotel de lujo que entró justo cuando el acusado salía de la ducha, se insinuó y, como él no accedió a su proposición, le denunció ante la policía para lucrarse. Estoy segura de que piensa que eso es lo ocurrido porque él, si fuera la camarera, se comportaría así. Para rematar, compara esta denuncia con lo que él denomina denuncias falsas por violencia de género en España, haciendo una vez más (ya lo hizo en Un chico normal publicado el 7 de abril) apología de la violencia machista, puesto que si él considera que las mujeres maltratadas que denuncian lo hacen sin motivo, es porque cree que se merecen los golpes. Eso es apología de la violencia de género y es intolerable que se publique en un medio de comunicación como si el mensaje fuera inocuo. Lo peor de todo es que muchos hombres piensan así, hombres que dicen que las feministas estamos locas porque ya tenemos la igualdad real y sólo queremos revancha.

En El País, Lluís Bassets (16 de mayo de 2011), en Delitos y Faltas también da rienda suelta a su imaginación y sospecha que la camarera podría estar intentando sacar provecho de un pez gordo. En ningún caso se plantean cómo es posible que alguien como Dominique Strauss-Kahn (suponiendo que se demuestre su culpabilidad) puede llegar a dirigir un organismo internacional como el FMI y ser la principal baza de un partido político para presidir Francia. Será porque en el mundo de los hombres que hacen carrera política se tolera e incluso está bien visto abusar de las mujeres y un intento de violación, como mucho, es una falta pero no un delito.

Teresa García Espejo